
El actor y director Miguel Ángel Olivares (Lucena, 1990) atraviesa una etapa de especial actividad profesional, marcada por el reconocimiento de sus últimos trabajos y su salto al largometraje de ficción con Aarón. Tras consolidar su trayectoria en el cortometraje y el documental, el cineasta continúa desarrollando historias en las que el compromiso social y las experiencias personales ocupan un lugar central.
Entre sus proyectos recientes destacan Marea Morada y A las ocho en casa, que cuenta también con nominaciones en distintos certámenes, además de Piedra, papel o tijera, cortometraje que obtuvo dos Premios Lorca de Granada en 2025. Una trayectoria que refleja su apuesta por un cine capaz de abordar realidades complejas y generar debate.
En esta entrevista con Sala Uno, Olivares repasa sus últimos proyectos, habla de su evolución como director y de su método de trabajo con los actores, y analiza las dificultades que encuentran los nuevos cineastas para abrirse camino en la industria. También reflexiona sobre el momento actual del cine español y la necesidad de seguir apostando por nuevas voces.
Estás viviendo una etapa especialmente intensa, con nuevos proyectos y el reconocimiento que han recibido algunos de tus trabajos. Si miras atrás, ¿en qué momento dirías que se encuentra ahora mismo tu carrera y qué ha cambiado en tu manera de afrontar cada película?
Es verdad que el mirar atrás me ayuda a ver hasta donde he llegado y el camino que aún me queda por recorrer. Muchas veces nos frustramos cuando algo no nos sale como queremos, y por eso es importante mirar atras y yo lo hago muy a menudo para recordar y ver lo que he avanzado. He cambiado y aprendido en cada proyecto algo nuevo, sobre todo en dedicarle mas pasión y paciencia a las cosas, saborearlo.
En tus últimos trabajos conviven formatos y aproximaciones muy diferentes, desde el documental Marea Morada hasta el cortometraje A las ocho en casa. ¿Qué te permite explorar cada formato que quizá no encontrarías en los demás?
Me gusta explorar la diferencia que hay entre un documental y un proyecto de ficción. El documental es algo más trabajoso a nivel dirección, ya que tenemos que conseguir convencer al espectador con personas reales y hay que improvisar y esperar para que salga la magia. La ficción es mucho más fácil en ese sentido, ya que puedes jugar y hacer lo que quieras, sin tener que mover cimientos. Con ambos disfruto mucho, pero creo que el documental me está dando algo muy especial que me está gustando más de lo que pensaba.
En Marea Morada te acercas a la discapacidad a través de las historias de dos mujeres y de su relación con la sociedad. ¿Cómo encontraste el equilibrio entre contar sus experiencias personales y construir un documental que también interpelara al espectador sobre las barreras que siguen existiendo?
Marea morada no es solo un documental sobre dos mujeres con discapacidad, es un documental en el que me adentro en su fe. Es algo arriesgado porque las protagonistas están convencidas de que la fe las está ayudando y realmente las crees, quieras o no creerlas te convencen. Es un documental muy especial para mí.
En A las ocho en casa partes de un recuerdo personal relacionado con tu abuelo para hablar de la enfermedad y la muerte. ¿Cómo se transforma una experiencia íntima en una historia cinematográfica capaz de conectar con personas que no han vivido exactamente lo mismo?
A las ocho en casa es un cuento que escribí para mi abuelo, quién murió de cáncer muy joven, cuando yo apenas tenía 8 años y lo recuerdo como si fuera ayer. Una metáfora de la vida que tenía muchas ganas de contar y desahogar. Este cuento es un rayo de luz a la vida y a la esperanza, al recuerdo y a lo que anhelamos cuando somos adultos.
El compromiso social atraviesa buena parte de tu filmografía, desde Cementerio de coches hasta Piedra, papel o tijera. ¿Qué buscas cuando eliges una historia? ¿Necesitas sentir que puede generar una conversación o cambiar, aunque sea mínimamente, la mirada del espectador?
Me gusta contar historias que creen debate. Estamos viviendo unos tiempos complicados, tanto políticos como sociales y yo creo que el cine es un escaparate muy importante para mostrar, educar y enseñar los valores de la
vida a la sociedad, que cada día es más difícil.
En Piedra, papel o tijera abordas cuestiones relacionadas con la eutanasia y las últimas voluntades. ¿Cómo se trabaja cinematográficamente con un tema tan delicado sin caer en el sentimentalismo ni imponer una conclusión moral al público?
El guionista Nach Solís lo escribió con mucho respeto y yo lo dirigí con el mismo, sin ofender ni pretender convencer a nadie que no esté de acuerdo con lea eutanasia, simplemente respetar a la persona que te lo pide y
entenderla.
Piedra, papel o tijera consiguió dos galardones en los Premios Lorca de Granada de 2025. ¿Qué significan estos reconocimientos para un cineasta que lleva años desarrollando proyectos y buscando su lugar en la industria? ¿Hasta qué punto ayudan a abrir nuevas puertas?
Piedra, papel o tijera me ha dado muchos regalos, además de los premios que son muy satisfactorios, pero gracias al corto he conocido personas maravillosas, que hoy por hoy son muy especiales para mí y que nunca han competido, siempre nos hemos apoyado y ayudado. Gracias al corto repito un nuevo proyecto con Nach Solís, que justo hace unos días hemos terminado de rodar. Al final, en la vida lo más importante es eso, las personas que vas conociendo en el camino.
Los festivales pueden convertirse en un escaparate fundamental para los cortometrajes, pero conseguir que una obra llegue al público sigue siendo complicado. ¿Qué papel desempeñan hoy los festivales en la carrera de un director y qué ocurre con las películas cuando termina su recorrido por ellos?
Gracias a los festivales nos estamos dando más visibilidad y el cortometraje se está convirtiendo en una parte de más interés en el cine, ya que era el olvidado de todos los formatos y lo veían como algo para escuela, trabajos de
fin de curso… cuando realmente el formato corto es aún más difícil de dirigir, debido a su corto tiempo y que tiene que conectar con el espectador. Yo creo que el cortometraje está en su mejor momento, pero aún le queda
mucho más apoyo.
Con Aarón afrontas tu primer largometraje de ficción. Después de años trabajando principalmente en el cortometraje, ¿qué cambia cuando tienes más tiempo para desarrollar personajes y construir una historia ¿Qué has descubierto de ti mismo como director durante este proceso?
Todavía estoy aterrizando del rodaje de mi primer largo. La verdad que he mezclado todas mis habilidades que he ido desarrollando en el mundo del corto y del documental y las he aplicado en Aarón. Me ha dado más tiempo para implicarme aún más en los actores y personajes y poder darle un matiz a cada uno. He descubierto que puedo desarrollar una historia sin dudar de mí, rompiendo las barreras de la inseguridad que a veces me he impuesto a mi mismo. Ha sido una montaña rusa de emociones.
¿Ha cambiado tu manera de dirigir actores al pasar de los cortometrajes a un largometraje? ¿Qué buscas en un intérprete para conseguir esa verdad y sensibilidad que consideras fundamentales en tus películas?
He podido trabajar más con los actores, me he enfocado mucho en ellos, ya que he tenido más tiempo para desarrollarlo. Lo que siempre busco y se lo digo a ellos es la naturalidad, no quiero que actúen, quiero que lo sientan real y que me convenzan, y así convencerán al espectador. Yo siempre utilizo la calma para hablar con ellos, me gusta hablar con ellos en privado, es algo íntimo entre el actor y yo. Cuando tengo que darle directrices. me alejo del equipo y hablo con ellos, sin gritos, sin estrés. Para mí es esencial que el actor esté tranquilo y se sienta cómodo.
El cine español vive un momento de gran diversidad creativa, con nuevas voces, historias que abordan realidades sociales muy distintas y una creciente presencia en festivales internacionales. Sin embargo, siguen existiendo dificultades relacionadas con la financiación, la distribución y la visibilidad de muchas obras. Desde tu experiencia como director, ¿cómo ves la situación actual del cine español y cuáles crees que son los principales retos a los que se enfrenta?
El tema de las ayudas es un tema que no quiero tocar, ya que nunca he recibido nada de parte del ICAA (Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales), y es algo que no entiendo. La verdad es que creo que deberían de darle una vuelta a todo y valorar con más ojo los proyectos y a quienes se les conceden las ayudas. Siento que no apuestan por los nuevos directores y que queda mucho aún por hacer.
Miguel Ángel Olivares.
Actor y director.
Entrevista realizada por Jaime Campillos para Sala Uno.
