El cine ha cambiado, pero también lo ha hecho la manera en la que hablamos de él. La llegada del streaming, la multiplicación de estrenos y plataformas y el auge de las redes sociales han transformado por completo el ecosistema cinematográfico y, con él, el trabajo de quienes se dedican a contarlo. En un contexto en el que el espectador tiene más películas, series e información que nunca al alcance de la mano, el periodismo cinematográfico se enfrenta al reto de seleccionar, contextualizar y, sobre todo, conseguir que algunas obras no se pierdan entre el ruido.

Sobre estos cambios hablamos con Sara Heredia, redactora jefe de SensaCine, que desde su experiencia cubriendo la actualidad cinematográfica y festivales como San Sebastián analiza el presente de la crítica, la influencia de las comunidades cinéfilas y el papel que todavía desempeñan los periodistas frente a los algoritmos. También conversamos sobre el momento que atraviesa el cine español, la aparición de nuevas voces y la dificultad de descubrir aquellas películas que, lejos de los grandes focos, terminan convirtiéndose en auténticos fenómenos.

Como redactora jefe de SensaCine, ¿cómo ha cambiado la manera de hacer periodismo cinematográfico en los últimos años? ¿Qué crees que se ha ganado y qué se ha perdido por el camino?

Ha habido muchos cambios en estos años en la industria audiovisual. Con la llegada del ‘streaming’, el número de producciones ha aumentado. Las producciones que antes eran locales ahora se convierten en internacionales. Hay muchas plataformas y muchos estrenos cada semana. Esto ha supuesto un reto para el periodismo cinematográfico y nos ha obligado a priorizar y filtrar para no ahogarnos en el camino.

Al mismo tiempo, creo que la crítica cinematográfica también ha cambiado hacia un lenguaje más cercano y natural. Puede que los ‘influencers’ hayan alimentado ese cambio, pero también los cambios culturales. Hacía falta una crítica más ‘del público’.

SensaCine llega a un público muy amplio y con perfiles muy diferentes. ¿Cómo se consigue hablar de cine de autor, grandes producciones, series y fenómenos populares sin que unos territorios terminen eclipsando a los demás?

A duras penas lo conseguimos. Uno de mis retos diarios es hablar de producciones muy diferentes, sin centrarnos en los grandes ‘blockbusters’ que ya reciben bastante atención. Como decía, cada vez hay más producciones y hay que hacer un hueco a esas películas y series más pequeñas que se han hecho con la misma atención que las grandes. Es nuestra labor, sino dejaríamos de cubrir joyas como Insaciable o Bad Apples. Esto se consigue con mucho trabajo por parte de los redactores.

En un momento como el actual donde el espectador tiene acceso inmediato a una cantidad enorme de información, ¿qué papel crees que sigue teniendo el crítico o el periodista de cine? ¿Qué puede aportar que no pueda ofrecer simplemente un algoritmo o una recomendación personalizada?

Dejar las recomendaciones en manos de algoritmos termina generando un ecosistema donde nada destaca, todo es igual a lo que ve tu vecino. Los tops de las plataformas están pensados para vender lo que les interesa a estas compañías, si te dejas llevar no vas a descubrir nada nuevo. El crítico o periodista de cine siempre va a sumar su experiencia a su recomendación, cómo se sintió viendo esa película y la va a ligar con recuerdos y situaciones personales, que al final es de lo que trata el cine. Por muchos parámetros que le demos, una máquina solo va a simular lo que sienten los humanos. Siempre va a haber una parte de la experiencia cinematográfica que se va a perder.

Las redes sociales han cambiado también la forma en la que se construye la conversación cinematográfica. ¿Crees que han democratizado la crítica o que han hecho que el debate sobre las películas sea más inmediato y, en ocasiones, más superficial?

Yo estoy 100% a favor de plataformas como Letterboxd o Reddit. Ha democratizado la crítica, por supuesto, y ha hecho que las opiniones de la audiencia sean válidas. Creo que este cambio era muy necesario. Al final cuando sales de cine con quien hablas de la película que acabas de ver es con tus amigos. Y, al revés, cuando no sabes qué ver, te vas a fiar mucho más de tu amigo de toda la vida que de una persona que no conoce tus gustos. Contar con los conocimientos de una crítica especializada y, además, de una comunidad cinéfila me parece el equilibrio perfecto.

¿Qué importancia tiene para SensaCine estar presente en festivales como San Sebastián? ¿Qué puede descubrir un periodista allí que difícilmente podría encontrar viendo las películas fuera del contexto del festival?

Los festivales de cine siempre son una toma de contacto de cómo va a ser el próximo año cinematográfico. En un plazo de dos semanas tienes acceso a los grandes títulos que van a llegar a la salas en los siguientes meses y dan muchas pistas de por dónde está yendo la industria. Ser uno de los primeros en descubrir títulos como, por ejemplo, La bola negra (que se presentó en Cannes) y ver cómo va cobrando vida meses después es una maravilla.

Además el hecho de vivir un festival de cine en sí es un poco como la antigua mili, te va curtiendo personal y profesionalmente.

San Sebastián convive cada año con grandes nombres internacionales, cine español, autores emergentes y películas mucho más pequeñas. ¿Qué crees que hace que una película consiga destacar en un festival con una programación tan amplia?

Un poco mezcla de muchas cosas. Lógicamente el background que tenga ayuda. La nueva película de Mike Leigh, ese otro título que ha triunfado en otros festivales y que ahora podemos ver aquí, la polémica de turno como Jeanne du Barry de hace unos años. Otras películas simplemente se ganan la fama por mérito propio, como Campamento Miasma, que llegó a festivales internacionales sin hacer demasiado ruido y esta siendo una de las sensaciones del año. Al final, si algo es bueno siempre acaba siendo comentado.

Desde tu experiencia cubriendo festivales, ¿ha cambiado la manera en la que los periodistas y críticos se acercan a una película? ¿Se corre hoy el riesgo de llegar a una proyección con una opinión demasiado condicionada por lo que ya se ha dicho sobre ella?

No creo que sea el caso de los festivales. Precisamente lo bueno de los festivales es que hay poco hype en torno a los títulos porque aún no hay reacciones ni críticas publicadas. A partir de ahí es cuando comienza el ruido en torno a una película. Lo que sí creo es que el público puede ir demasiado condicionado a ver ciertas películas. Acabamos de vivirlo con La odisea. Muchos comenzaron a criticarla basados en rumores de internet que ni siquiera eran ciertos. Lo mejor para disfrutar de una película es yendo en blanco.

Si tuvieras que explicar a alguien que nunca ha trabajado en periodismo cinematográfico qué significa realmente cubrir un festival como San Sebastián, ¿qué le contarías que no se ve desde fuera?

Creo que la gente no es consciente de que muchos pases son a horas intempestivas, como las 8 de la mañana o las 12 de la noche, y que tienes que sacar energías de donde no tienes. Tampoco de que hay que hacer un auténtico esfuerzo de organización para poder cubrir todas las películas que quieres, hacer entrevistas y tener tiempo para comer y ducharte. Es una experiencia muy intensa.

El cine español vive un momento especialmente interesante por la aparición de nuevas voces y formas de contar relatos. ¿Qué crees que está aportando esta nueva generación y qué obstáculos siguen encontrándose para hacerse un hueco?

El cine español está en un momento fantástico y todos debemos estar orgullosos de nuestros creadores porque están creando historias maravillosas que al final van a construir nuestro legado cultural. El cine de Alauda Ruiz de Azua, por ejemplo, que hace reflexionar sin adoctrinar. La valentía de Oliver Laxe y su inmersión al rodar. La maestría técnica de Sorogoyen es digna de ser estudiada en la universidad. Y Los Javis, por supuesto, que han conseguido un nuevo fenómeno de nuestro cine.

Cada vez resulta más difícil establecer una frontera clara entre cine y contenido audiovisual (películas que llegan directamente a plataformas, series con ambiciones cinematográficas, fenómenos nacidos en redes…) ¿Crees que todavía tiene sentido hablar de “cine” como un territorio separado o como un arte que mira al resto desde una atalaya?

Hay una diferencia clara entre lo que es cine y lo que no y es que el cine te hace sentir y se queda contigo mucho tiempo. El cine está hecho con honestidad y con la firme creencia de que hay algo que contar. Dicho esto, prefiero que sea el propio público el que decida que es cine y que no para ellos, una opinión no deja de ser algo subjetivo (aunque tenga fundamentos).

Para finalizar, ¿qué película recuerdas haber descubierto en un festival y haber pensado que podía ser importante antes de que el público general empezara a hablar de ella?

Estamos ahora mismo viviendo algo muy bonito con Los Javis y su Bola negra, seguro que aún nos quedan varios meses de hablar de ellos y de sus hitos. Esperemos que terminen con un Oscar.

Sara Heredia.
Redactora jefe de SensaCine.

Entrevista realizada por Jaime Campillos para Sala Uno.

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