Fotografía de MACARENA PÉREZ para EL PERIÓDICO.

Fernando Navarro ha construido una trayectoria en el cine y la literatura marcada por una mirada muy personal sobre la realidad. Como guionista, ha participado en películas como Verónica, Malasaña 32 o Segundo premio, trabajos en los que conviven lo cotidiano, la memoria, la música y una particular inclinación hacia lo fantástico. También ha desarrollado su faceta literaria en novelas como Malaventura o Crisálida, explorando en sus textos otras formas de construir personajes, espacios y mundos.

En su escritura, la ciudad de Granada y el Sur ocupan un lugar especial. Son territorios que Navarro transforma y mitifica para intentar comprenderlos, mientras cuestiona constantemente los límites entre lo real y lo imaginado. La música, además, forma parte esencial de su proceso creativo y de muchas de las historias que ha construido a lo largo de su carrera.

Hablamos con Fernando Navarro sobre su recorrido, su manera de enfrentarse a la escritura, la relación entre cine y literatura, la importancia de la música, Granada y esa necesidad de recurrir a la ficción para intentar comprender la realidad.

Has trabajado como periodista musical, guionista, director y escritor. Mirando toda esa trayectoria, ¿qué crees que ha permanecido constante en tu manera de aproximarte a una historia, aunque los formatos sean distintos?

Una pequeña puntualización. Aunque siempre he estado más o menos cerca de mis rodajes, de director casi no he trabajado, apenas cuatro videoclips de grupos de Granada y algunos fragmentos de la serie Romancero.

Creo que no podría asegurar del todo si hay una constante en mi obra, de hecho en los primeros tiempos intentaba que no se notara que los guiones eran de la misma persona para así poder trabajar más y que no me encasillaran. De todas formas todos tenemos tics y los míos últimamente pasan por retratar de manera más o menos mitológica al Sur, por cuestionar la noción de realidad y jugar con las confusiones de espacios y tiempos.

Empezaste escribiendo en Granada y la música tuvo un papel importante en tus primeros años. ¿Hasta qué punto utilizas la música a la hora de imaginar personajes, ambientes o historias?

La música es vital. Parte de mi círculo íntimo está formado por músicos, yo escribo con música y en mis viajes lo primero que localizo en las ciudades antes que los museos son, junto con los restaurantes, las tiendas de discos, de haberlas ya que son un animal en extinción. La música, claro, me ayuda a construir historias o universos, a describir atmósferas. A veces he escrito a un personaje o una narración entera a partir de una canción concreta o un disco. Un Guardia Civil de Josele Santiago inspiró un cuento de Malaventura, Charlotte Sometimes de The Cure estaba detrás de la construcción del personaje central de Verónica y la forma que tiene el guion de Lorca, que dirige Fernando Franco, surge de un fragmento de Omega de Morente y Lagartija Nick.

Cuando empiezas a escribir, ¿qué suele aparecer primero: una imagen, un personaje, una situación, una atmósfera…? ¿Y cómo sabes que esa primera intuición tiene detrás una historia que merezca la pena poner en papel?

A veces, yo que trabajo de encargo, no existe tal intuición. Basta con que me ofrezcan una historia que parezca interesante. Como decía Cole Porter: mi única inspiración es la llamada de un productor y la existencia de un cheque. Respecto a lo primero, yo suelo dedicar mucho tiempo a la estructura y a los personajes, apuntando en un cuaderno ideas y más ideas, leyendo y viendo películas, escuchando discos y pensando mucho. Si tengo eso bien «amarrao» y puedo contestar a todas las preguntas que me haga sobre forma y personajes, es el momento de empezar a teclear.

En buena parte de tu trabajo hay una presencia importante del género de terror y fantástico. ¿Qué encuentras en este género que te permite hablar de la realidad de una manera que quizá no permitiría una historia completamente realista?

Intento escribir películas o novelas que puedan parecer sueños y poemas y el lenguaje del terror y el fantástico, tan gentrificado últimamente, es el más parecido al de la poesía y al de las pesadillas. De hecho huyo del realismo de manera intencionada, escribo o juego con el género de terror y el fantástico precisamente porque no quiero hablar de la realidad. Me gusta la capacidad que tenemos de inventar cosas que no existían antes de que uno se pusiera a escribirlas. Los escritores que más admiro son los que han construido un mundo de ficción creíble y contundente pero sobre todo imaginativo, nuevo.

Has escrito historias muy diferentes, pero muchos de tus personajes parecen enfrentarse en ocasiones a situaciones límite. ¿Te interesa especialmente descubrir cómo se comporta una persona cuando las circunstancias dejan de estar bajo su control?

A mí me interesa mucho la línea que separa la locura y la cordura. El momento en el que el cuerpo, la cabeza, el corazón se ponen a prueba por culpa de circunstancias externas, que casi siempre tienen que ver con la clase social. De esa tensión se pueden extraer personajes y argumentos interesantes, historias que puedan entretener y en el mejor de los casos atrapar al lector y espectador.

En el largometraje Segundo premio partes de una historia y unos personajes vinculados a Los Planetas, pero no haces un biopic convencional. ¿Qué posibilidades narrativas encuentras cuando decides apartarte de los hechos y trabajar con la memoria, el mito y la percepción que tenemos de una historia real?

Creo que la única manera de narrar la realidad es desde la ficción. Desde el momento en que decidimos hacer Segundo Premio una de las premisas que nos pusimos es que no íbamos a escribir nada parecido a un biopic, que es uno de los géneros más aburridos que existen.

En el caso concreto de Segundo Premio estás trabajando, además, con una historia muy vinculada a la ciudad de Granada. ¿Qué tiene esta ciudad que sigue despertando tu interés tantos años después de haber empezado a escribir?

He intentando, estoy en ello, entender a mi ciudad, Granada, a través de  la escritura, de la literatura y el cine. No sé si lo lograré. Parece complicado. La ciudad se llevó por delante a Boabdil, a Lorca, a Ángel Ganivet, a Javier Egea o a Jesús Arias. Granada es una ciudad contradictoria, es muy bonita y también es muy cruel, muy misteriosa y convertirla en un territorio literario es, eso, una manera de intentar descifrarla. Sin éxito.

Has pasado también de escribir guiones a desarrollar proyectos propios en otros formatos, como la serie Romancero en Prime Video, y a la literatura con novelas y libros de relatos en Editorial Impedimenta como Crisálida o Malaventura. ¿Qué has descubierto sobre tu propia escritura al salir del cine y trabajar en formatos donde tienes un mayor control sobre la historia?

De Romancero me cuesta hablar. En un momento dado perdí el control creativo del proyecto y las circunstancias de la preparación y el rodaje me llevaron a un lugar vital muy oscuro. Me puso en peligro real y me costó salir de él. La literatura es lo contrario, es donde más feliz me encuentro, trabajando sobre cosas tan abstractas como el lenguaje, el punto de vista, la narración en sí, y sin tener que estar pendiente de nada más que de la naturaleza de cada texto, de las palabras. Y tengo la inmensa suerte de tener un editor, Enrique Redel, de Impedimenta, que tiene un amor por la literatura auténtico, genuino y generoso.

En otras entrevistas dijiste que te gustaría ser “underground”, pero que el cine te había “domesticado”. ¿Qué crees que has tenido que ceder al trabajar dentro de la industria y qué cosas has conseguido conservar de tu mirada más personal?

No diría que he cedido porque realmente nunca me planteé usar el cine como medio de expresión. Yo hago cine por una razón: ganarme la vida. Pero mis gustos personales, mi formación, que quizá si pueda verse en los libros, está más ligada al underground, la música independiente, el pospunk, el cine de terror, la serie B, o la literatura posmoderna. Quizá algunos de esos gustos han conseguido infiltrarse en lo que he hecho por encargo, quizá no. Intento no pensar mucho en eso.

En los últimos años han aparecido muchas voces nuevas en el cine español y, al mismo tiempo, han cambiado mucho las formas de producir, distribuir y ver películas. Desde tu experiencia, ¿qué crees que está cambiando realmente en nuestra cinematografía y hacia dónde te gustaría que evolucionara?

Es verdad que da la sensación de que el cine español está en plena explosión pero yo creo que, salvo excepciones (legítimas, eso sí) promovidas por el turbocapitalismo más salvaje, sigue siendo un cine precario, por muchos motivos. En realidad porque todo el país lo es. No me atrevo a vaticinar cómo será el cine del futuro o hacia dónde irá, yo solo quiero que los cineastas, las cineastas, tengan libertad para contar todo tipo de historias, todo tipo de géneros y si puede ser, que no sean demasiado aburridas. Es lo que yo intentaré seguir haciendo mientras me dejen.

Fernando Navarro, guionista.

Entrevista realizada por Jaime Campillos para Sala Uno.

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