
¿Puede existir el amor cuando se destruye la imagen que tenemos de la persona que amamos?
The Drama, la última película de Kristoffer Borgli, parte de una premisa aparentemente sencilla para convertir una comedia romántica en un incómodo experimento social sobre la intimidad y los juicios de valor. Protagonizada por Zendaya y Robert Pattinson, la película comienza como una historia de amor convencional -una pareja ultimando los detalles de su boda- y termina convirtiendo esa misma idea de amor en un territorio profundamente perturbador.
Una pareja aparentemente perfecta
Emma y Charlie están a punto de casarse. Son jóvenes, atractivos y parecen profundamente enamorados. Él, un historiador del arte británico con un buen puesto en Nueva York; ella, una mujer parcialmente sorda con una personalidad más reservada. Todo parece conducir hacia el final feliz de una comedia romántica, hasta que una conversación aparentemente inofensiva obliga a los personajes a revelar aquello de lo que más se avergüenzan.
La confesión de Emma cambia radicalmente la película. Cuando revela que durante su adolescencia llegó a planear un acto de violencia extrema, el relato deja de preguntarse si dos personas están enamoradas para plantear la cuestión de si podemos seguir amando a alguien después de conocer algo moralmente inadmisible y reprochable
El director Borgli utiliza la revelación como un giro argumental verdaderamente interesante porque a partir de ahora vamos a asistir a cómo vive Charlie con esta información y los sentimientos que le provoca. La información por supuesto no cambia a Emma, cambia la mirada de quienes la rodean.
Zendaya y Robert Pattinson, en el centro del experimento
Zendaya sostiene buena parte de la película desde la contención. Emma podría haberse convertido fácilmente en un personaje definido exclusivamente por su pasado, pero la actriz evita esa simplificación. Su interpretación juega con el silencio, las pausas y las pequeñas modificaciones de expresión. La película depende de que podamos seguir viendo a la misma mujer que existía antes de la confesión, incluso cuando nosotros ya no somos capaces de mirarla exactamente igual.
Pattinson, por su parte, construye a Charlie desde una ansiedad que va escalando con cada escena. Su actuación comienza dentro de los códigos de la comedia romántica y va deformándose progresivamente. El hombre enamorado, algo torpe y ligeramente neurótico, se convierte poco a poco en alguien atrapado en sus propios pensamientos, en su propio runrún. Su rostro, sus movimientos y su forma de hablar adquieren una incomodidad creciente a medida que intenta decidir qué hacer con la información que ha recibido.
La anticomedia romántica
La primera parte de The Drama está construida deliberadamente sobre las convenciones de la romcom. Predominan los encuentros casuales, las conversaciones íntimas, la complicidad y una pareja que parece destinada a funcionar. Pero Borgli introduce poco a poco elementos que hacen que esa comodidad de repente tenga cuenta atrás antes de explotar por completo.
La estructura funciona porque la película no abandona completamente el género romántico. Lo mantiene presente mientras se ve contaminado. Seguimos viendo a Emma y Charlie como una pareja enamorada, pero cada gesto comienza a adquirir un significado diferente. Los besos empiezan a debatirse entre el afecto y la duda. Un silencio puede ser intimidad o pensar demasiado. El filme convierte así el amor romántico en una especie de prueba moral.
La cámara de la incomodidad
Formalmente, Borgli construye una película que parece estar siempre a punto de romperse. El montaje utiliza L-cuts, superposiciones de conversaciones, imágenes no lineales y determinados saltos hacia recuerdos o espacios de apariencia onírica. Estos recursos no están únicamente destinados a sorprender, pues intentan reproducir la confusión mental de unos personajes que ya no pueden experimentar su relación de la misma manera.
Especialmente interesante es el tratamiento del sonido. Las conversaciones se mezclan y determinadas voces parecen invadir otras escenas, creando una sensación de comunicación defectuosa. La propia percepción sonora de Emma adquiere importancia y hace que el espectador experimente, en determinados momentos, una distancia respecto a lo que ocurre a su alrededor.
Es una decisión coherente con el núcleo de la película. Nadie escucha realmente a nadie. Todos interpretan, juzgan y proyectan sus propios miedos sobre los demás. La puesta en escena también contribuye a esa sensación de extrañeza. Borgli parte de espacios elegantes, luminosos y aparentemente seguros, pero progresivamente los convierte en escenarios incómodos.
El problema de querer provocar demasiado
Sin embargo, The Drama también tiene una debilidad evidente: en determinados momentos, Borgli parece más interesado en provocar una reacción que en profundizar en las consecuencias de aquello que plantea.
La película introduce cuestiones relacionadas con la violencia, la culpa, la raza, el género y la percepción social de las mujeres negras, pero no siempre encuentra la misma profundidad para desarrollarlas. Ahí aparece una contradicción interesante. The Drama quiere preguntarnos si somos capaces de amar a alguien después de conocer su peor secreto, pero en ocasiones parece demasiado interesada en que nosotros también nos sintamos incómodos por haberlo conocido.
La provocación funciona cuando abre una pregunta. Funciona menos cuando parece conformarse con dejar al espectador desconcertado.
¿Llegamos a conocer realmente a alguien?
A pesar de sus excesos, la película encuentra su mejor idea en algo mucho más sencillo que su propia polémica: amar también significa construir una imagen de la otra persona.
Charlie está enamorado de una versión de Emma. Cuando descubre algo que no encaja con esa imagen, no sabe si ha dejado de amar a Emma o si simplemente ha descubierto que nunca la había conocido completamente.
Ese es el verdadero drama de la película. No se trata únicamente de decidir si alguien merece perdón por aquello que hizo en el pasado. Se trata de aceptar que las personas que queremos poseen zonas que nunca podremos conocer por completo. La intimidad promete precisamente lo contrario: la fantasía de que conocer a alguien profundamente significa conocerlo entero.
The Drama no siempre consigue estar a la altura de las preguntas que plantea, pero pocas películas recientes parecen tan interesadas en hacer que el espectador haga un ejercicio de reflexión y de mirar en uno mismo. Quizá su verdadera provocación resida en el hecho de no preguntarnos si Emma merece ser perdonada, sino obligarnos a preguntarnos cuál sería nuestra reacción si nuestra pareja guarda dentro de sí secretos totalmente execrables y aborrecibles.
