
El plan de Jake Gittes era sólido. Evelyn y Katherine escaparían a México. Él retendría a Cross. Todo estaba en su lugar. Entonces la policía abre fuego, una bala atraviesa la luna del coche, y Evelyn muere con el cuerpo presionando el claxon. Cross recoge a la chica entre el caos. Jake se queda paralizado en la calle. Su compañero le rodea los hombros: “Forget it, Jake. It’s Chinatown.” Fundido a negro.
Este no era el final original del guion. Robert Towne había escrito otro desenlace. Evelyn mataba a su padre y escapaba con Katherine. Una victoria sucia, pero una victoria al fin y al cabo. Polanski lo rechazó. Su excusa era biográfica ya que había sobrevivido al gueto de Cracovia, había perdido a su madre en Auschwitz, había vivido el asesinato de Sharon Tate cinco años antes del rodaje. Sabía, de manera visceral, que el mundo no funciona como Towne lo había escrito. La discusión entre ambos fue larga y violenta. Towne amenazó con retirar su nombre de los créditos finales. Al final terminó por ceder. Y el resultado es uno de los finales más perturbadores de la historia del cine.
Lo que hace grande a la escena son sus decisiones técnicas. El disparo que mata a Evelyn no se ve sino que se oye, y luego la cámara muestra la luna rota y el cuerpo desplomado sobre la carretera. El horror que el espectador completa en su cabeza es más brutal que cualquier imagen explícita. El claxon también hace su parte en esta escena como un sonido mecánico e indiferente llenando la calle vacía mientras una mujer acaba de ser asesinada.
Jack Nicholson, en esos últimos planos, tiene uno de sus mejores momentos como actor precisamente porque no hace nada. Su cara no colapsa en llanto ni en rabia. Se queda en blanco. Ese vacío es el recordatorio de alguien que ya había vivido algo parecido en Chinatown, años atrás, intentando ayudar a alguien y terminando haciéndole daño. «La historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa», que dirían algunos.
En cualquiera de los casos siempre es una tragedia. Walsh, su compañero, no le dice que todo irá bien ni que Cross pagará algún día. Le dice que se olvide. Están en Chinatown, ese lugar donde las reglas normales no se aplican para todos, donde las leyes no vienen escritas en un libro, donde hacer lo correcto produce resultados erráticos y donde olvidar es lo único que queda.

Chinatown se estrena en 1974, un año después del fin de la Guerra de Vietnam y en pleno Watergate. El noir clásico siempre reservaba un lugar para el detective como figura moral capaz de restaurar algún orden. Polanski extrae ese último residuo de esperanza. Jake es competente, inteligente y trabaja bien. Encuentra la verdad. Y la verdad no aporta nada, porque el sistema entero, corrupto y podrido, está diseñado para que gane el otro bando. Noah Cross, el villano de esta historia, es el dinero, el poder, la corrupción institucionalizada y no tiene debilidades. Gittes comete el error de operar dentro de las reglas de un juego para el que era demasiado ingenuo.
